Imagina revisar el inventario y encontrar una diferencia de más del 95% entre lo físico y lo registrado.
No era un error de digitación. Era prácticamente la mitad de los ingresos anuales sostenida sobre un número que nadie podía explicar.
En una de mis experiencias, enfrenté esta “crisis de inventario” que llevaba tiempo sin ser entendida. Encontré la raíz del problema, rediseñé los procesos de producción y despacho, y habilitamos soluciones tecnológicas que nos dieron control, con cero inversión adicional.
Protegimos los ingresos y la relación con los clientes. El rediseño del proceso habilitó un 10% adicional de ingresos que antes se perdían por la misma falla de control.
Para llegar ahí, me apoyé en la filosofía Lean y usé BPM para entender los procesos de negocio. Diseñamos un flujo de captura, evaluación y visualización de datos que habilitó un monitoreo para tomar acción. También tuvimos que asimilar marcos normativos no habituales (EN12580 y NCh 2280), cerrando brechas técnicas y garantizando conformidad.
Esto se resolvió con disciplina, información y gente en terreno ejecutando. Hoy, un agente de IA iniciaría esa iteración en terreno, empoderando a los equipos para analizar y corregir desviaciones más rápido.
Con el negocio bajo presión, la agilidad no vino de tener todas las respuestas, sino de la disciplina de estudiar, incorporar nuevas herramientas y asimilar marcos de trabajo para actuar donde realmente impacta.
La conversación está abierta.